El aviso de Bip Consulting, la consultora a la que llaman cuando la cosa se complica: "Europa se ha pasado con las renovables"

Dicen que cuando una puerta se cierra, otra se abre. Jesús Ruiz es la prueba de que la frase no es solo un cliché. El equipo que lideraba en KPMG, una veintena de consultores en su mayoría especializados en energía, perdió a su mejor cliente cuando la big four ganó la auditoría de Endesa. Para evitar conflictos de interés, desde que el grupo empezó a fiscalizar sus cuentas, Ruiz y su equipo tuvieron que renunciar a atender a la segunda mayor eléctrica española en la área de consultoría. Ese fue el detonante que le hizo dar el salto y ponerse al frente de la división ibérica de la firma italiana Business Integration Partners (Bip), un gigante de los servicios profesionales con más de 6.700 empleados y una cartera de clientes que incluye más de 330 grandes multinacionales.
Allí aterrizo, llevándose consigo a buena parte de su equipo. "Entonces no sabía que irme para volver con una marca menos conocida era relativamente fácil. Ahora lo tengo claro. Muchos clientes para los que habíamos trabajado pronto empezaron a llamar a nuestra puerta". Después de Endesa, su segunda gran oportunidad fue Acciona, para la que han trabajado mucho en la parte de energía. Cuando Ruiz desembarcó en Bip Iberia, hace siete años, la división tenía unos 50 empleados y, tras más de una década de trayectoria en España, se había estancado en una facturación de unos cinco millones. Ahora, tiene 140 proyectos en marcha, su plantilla supera los 400 trabajadores y apunta a cerrar este año con entre 45 y 50 millones de ingresos.
La consultora se ha hecho fuerte en energía -que sigue acaparando más de la mitad del negocio-, pero ha ampliado sus horizontes con buenos resultados al sector financiero y asegurador, a las infraestructuras y a las ciencias de la salud. También al sector público, donde han empezado a trabajar este año, aunque ahí su modelo no brilla tanto. "Es un poco triste. Es muy complicado hacer los trabajos bien en el sector público por el modelo de contratación, que lo que persigue es que nadie se lleve el dinero a espuertas, pero donde una propuesta de valor como la nuestra no garantiza triunfar porque solo importa el precio", reflexiona.
Abrirse hueco en el imperio de las big four no es fácil. Su receta es la flexibilidad para reaccionar rápido y una especialización que permite bucear, más que surfear, en los desafíos que plantea el cliente. "Trabajamos en las cosas que son complicadas, en temas fastidiados en los que lo que importa es hacerlo bien y no solo el nombre. Cuando surge algo así, estamos ahí", destaca. De la colosal estructura de su antigua casa aprendió la ventaja de no tener murallas chinas. "Culturalmente no queremos que nos pase lo que hemos visto. Al final, la gente en este negocio lo que quiere es tener clientes y tener equipo. Si todos creen que esto es un proyecto conjunto, si un año a uno le va mal y a otro bien y se compensa... Construir confianza en un equipo cuesta mucho, pero romperla es fácil. Desde arriba tratamos de mantener la tensión porque queremos ser potentes y crecer. No es fácil, pero está funcionando", explica.

¿Qué les diferencia? "Intentamos que toda la gente tenga un perfil emprendedor y colaborador, porque a la larga es más importante que facturar un poco más. Eso es lo que en otros lados no pasa. A veces le hemos tenido que decir a alguno que, aunque facture más, no nos compensa si luego nos monta un lío. Aquí no venimos a tener líos, venimos a trabajar".
En los últimos siete años, muchos de esos grandes desafíos han orbitado alrededor de las sucesivas crisis energéticas que han puesto patas arriba los planes de las grandes empresas. De Ucrania al actual shock global por la guerra en Oriente Medio. En Bip las han estudiados todas.
"Ucrania cambió la dirección de la política energética, porque demostró que la presión viene por todos lados. Viene por la garantía de suministro, pero también por los precios de la energía". Afirma que Europa cogió la bandera de la descarbonización, que hace varias décadas no entraba en la ecuación, pero después de las recientes crisis entendió también que no debía centrarse solamente en eso.
"La posición original de Europa es 'yo soy el bueno y hago lo que hay que hacer, y ya los demás luego me siguen'. Por dar ejemplo y también porque tiene el dinero. ¡No le vas a pedir a Sudán del Sur que empiece la revolución verde!". ¿Fue un error? "La cuestión es que eso cuesta dinero y te pone un poco más en riesgo. Si tú inviertes y los otros no te acompañan, lo que haces es perder competitividad. Subvencionas una tecnología para que mejore, pero cuando tiene sentido económico ya no hay que ayudarla. ¿Qué ha pasado? Europa ha puesto más de lo que tenía sentido. Si fueran solo criterios técnicos, quizás habríamos invertido un poco menos en renovables y tendríamos más cuidado con cómo y cuándo operan. Nos hemos pasado un poco", explica.

En afrontar esa realidad estaban los gobiernos y las empresas europeas justo antes de que estallara la guerra de Irán. "Estábamos reorientando a nivel Europa las prioridades y la agenda verde para encajar la autonomía estratégica". ¿Qué preocupa ahora? "Ya no solo falta petróleo, sino muchos destilados medios. Las compañías están súper cortas de esos productos y la gran pregunta es cómo cubrir ese hueco". Ruiz apunta que España está bien posicionada gracias a las refinerías. "Las empresas han invertido muchísimo en el sistema de refinerías y son muy flexibles, pueden cocinarlo todo".
La guerra ha trastocado la foto global de muchas compañías, pero no tanto el día a día. "La dinámica de negocio no ha cambiado. En Europa, el riesgo de garantía de suministro ya estaba, ahora se ha visto, pero estaba. Las empresas siguen enfocadas en su red comercial, en mejorar su eficiencia operativa, en meter hidrógeno y biocombustibles, porque han cogido las ayudas y ahora toca montarlo todo y que la cosa funcione", concluye.
Hace semanas, Bip proyectó tres posibles escenarios para la guerra en Irán. El regular, el malo y el peor. ¿En cuál estamos? "Ha habido ataques a infraestructuras que tardarán años en arreglarse, otras han tenido que parar y no podrán reactivarlas de un día para otro. Estamos peor que hace semanas porque han roto más cosas, pero el daño a infraestructuras en Irán aún no es dramático".
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